Armonía (Parte 1)

―Don Javier, ya está la comida.

―Vamos, cariño.

¿Existe la felicidad? Supongo que sí, que reside en estar alegres siempre. ¿Pero es eso posible? Podemos estar alegres mucho tiempo, sin embargo, siempre está el “nada es para siempre”. Nada es duradero. Entonces, si no podemos estar contentos eternamente, ¿eso significa que no es posible la felicidad completa?

Porque son esos momentos fugaces los que conocemos por felicidad. De ese modo,  podríamos hablar de “felicidad parcial”, aunque esto no valga para mucho. ¿Para qué queremos ser felices si en el fondo sabemos que, en cualquier instante, nos lo arrebatarán todo?

Ahora bien, supongamos que a cada persona le corresponden una cierta cantidad de épocas felices de su vida. Si alguien, por muy osado que parezca, decide no tener ningún resquicio de felicidad en los primeros treinta años de su vida, esto quiere decir que a partir de esa edad, podrá alcanzar la máxima felicidad.

Bueno, lo más seguro es que no, que esto sea imposible. Pero al menos voy a intentarlo. Mi nombre es Javi, y puedo demostrar firmemente que he tenido muchos menos momentos felices de los que por derecho me corresponderían. Así que desde hace algunos años, he tenido el privilegio de iniciar lo que he llamado una evolución hasta la felicidad completa.

Para empezar, debería contar algo sobre ella. Sí… “Ella”… Por supuesto, la típica chica de la que te enamoras en el instituto, pero que ella pasa de ti y te acaba rompiendo el corazón en añicos. Pues esa. Supongo que he tenido la suerte de que algunos años después de la adolescencia, me escogiera por fin. Se llama Armonía.

Como podría suponerse, hasta los treinta años vivía solo. Un trabajo horrible, sin apenas familia a la que acudir, amigos que me han traicionado y ya no queda uno solo… Creo que no hace falta decir nada más.

Hasta que me llegó un evento por correo electrónico: una cena. Pero no una cena cualquiera. Una cena de antiguos alumnos de mi instituto.

Al principio, pensé en no ir. Como ya he dicho, no había nada ni nadie por lo que me interesara ir y hasta casi borro el correo. Ni siquiera por Armonía, de la cual me acordé al pensar un poco en mis compañeros de clase.

Sin embargo, pocos días después, recibí una llamada. ¡Era Antonio! Ya sé que he dicho que no tenía ningún amigo decente en el instituto, pero Antonio no se podría calificar de “amigo”, era como un hermano. El problema residía en que tuvo que mudarse a otro país cuando éramos muy amigos e íbamos juntos a clase. Y lo que ocurre en estos casos es que pierdes el contacto y acabas por olvidarte de esa persona. Aunque no se quiera.

Antonio llamó para decirme lo de la cena. ¡Me contó que estaba en la ciudad y que pensaba asistir! Aquello cambió totalmente mi parecer. Merecería ir a esa cena nada más que por hablar un ratito con él.

Eso hice, no lo dudé más. Y cuando llegó el día, nos dimos un abrazo enorme. Madre mía, hacía muchísimo tiempo que no sentía una alegría así. ¡Qué bien me sentí! Encima, me contó que había encontrado trabajo por allí cerca y que se quedaba. Suspiré aliviado. Creía no merecerme tener a alguien con el que tener confianza. Aunque claro, había que recuperarla antes, que no sería muy difícil tratándose de él.

Por desgracia, los sitios durante la cena estaban asignados y no pude sentarme al lado de él y me encontré totalmente solo con viejos conocidos en una mesa. Algo incómodo, hasta que…

―Perdón llegó tarde ―dijo una muchacha que corría hasta el sitio de enfrente mía.

Llevaba un vestido verde precioso, con una chaqueta blanca la cual realzaba su todavía conservada figura. Resoplaba. Al parecer, caminar con tacones resultaba duro, y además si lo hacía deprisa. Sin embargo, cada paso parecía formar una alegre melodía, que si se encadenaba podría crear algo muy hermoso. Todo su cuerpo estaba en perfecta armonía. De ahí su nombre.

De repente, me sentí un poco estúpido. Yo llevaba una camisa y poco más, es decir, que no iba demasiado informal, pero al lado de ella, yo era algo invisible. También me sentí un poco ridículo. Quería decirle lo guapa que estaba, pero mi mente me lo impedía. ¡Maldición!

―¡Hola! ¿Te acuerdas de mí? ―me preguntó.

―Claro que sí. Hace ya mucho tiempo que no nos veíamos, Armonía.

Ella sonrió y algo en mi interior despertó. ¡Oh, no! Eran los sentimientos que tenía por ella. Los tenía guardados tanto tiempo y ha bastado una sonrisa para hacerlos resurgir. Tenía que resistir como fuera. Pero fue imposible.

―Quiero que me cuentes todo sobre tu vida, Javi.

Y así ocurrió, le conté mi vida desde el instituto, aunque no era gran cosa. Más tarde, ella me contó la suya. Parecía que a ella tampoco le sonreían las cosas.

―No estudié lo suficiente, y ahora estoy trabajando como camarera en un antro. Me da asco, todas las noches recibiendo miradas de tíos salidos y teniendo que forzar una sonrisa mal disimulada para contentarlos un poco. ¡Qué remedio! –contaba.

Momentos después, me lancé a girar la conversación un poco más profunda:

―¿Y cuál es tu sueño? ¿Qué te gustaría estar haciendo en este momento?

Ella me miró sorprendida. No hubiera esperado una pregunta así de mí. Pero se lanzó:

―Está bien. Yo lo que quiero es dejar de ponerme así de guapa para venir a cosas como esta. Y esto es porque todavía estoy soltera. Quiero a alguien que me haga ver que no es necesario maquillarme ni ponerme vestidos caros para impresionar. Quiero a alguien que me haga sentir guapa llevando gafas, aparato de dientes o vistiendo chándal o unos vaqueros viejos. Pero a mi edad, ya he perdido casi la esperanza. Y créeme, últimamente trabajo demasiado, y en ese bar, no hay mucho que encontrar. Ni siquiera sé por qué te estoy contando esto. ―Rió un poco nerviosa. Se notaba que hacía tiempo que no hablaba así con alguien.

―Te entiendo. Yo casi que también he perdido la esperanza. Hay veces que pienso que voy a estar así de solo para siempre.

―¡A mí me pasa justamente lo mismo!

Y seguimos hablando durante toda la cena. Casi me olvidé de Antonio que vino a verme en un par de ocasiones, pero yo no me quería levantar de allí. Sin querer, los sentimientos volvían a renacer.

Después de cenar, nos fuimos todos a tomar algo. Ella y yo seguimos charlando, apoyados en la barra del bar, con una copa en la mano de cada uno. Pronto, la conversación subió un poco de tono:

―¿Te acuerdas cuando te declaraste? ―me dijo.

―¿A quién? ―dudé, sin pensar.

Ella rió fuertemente.

―¡Vaya! ¿A cuántas chicas te declaraste en el instituto? ¡Me estaba refiriendo a mí!

De repente, me puse muy, pero que muy nervioso. Sin embargo, ella se lo tomaba bastante a risa. Como no las palabras no salían de mi boca, ella siguió hablando:

―Recuerdo que fue una de las declaraciones más bonitas que me han hecho. Y hace ya mucho que no me dicen cosas como las que me dijiste tú ese día. ¡Sí! Me escribiste un poema y todo. Te temblaba la voz, las manos… Y yo pensando: “Madre mía, la que me ha caído encima”. Éramos amigos en esa época, pero desde luego que no sentía lo mismo que tú. Además, creo que fui muy cruel contigo. Me tienes que perdonar. Alguien que es capaz de expresar así de bien lo que siente por ti, no es merecedor de cómo te rechacé. Pero era una cría…

―No te preocupes. No es nada. Fue hace mucho tiempo. ―Conseguí decir.

―Déjame que te compense ―soltó con tono sugerente―.Te invito a otra copa.

―No te molestes, mujer.

―Insisto.

Pero no fueron ni una ni dos las que nos tomamos. Total, que pensando que quizás no volvería a verla nunca más, tenía que decirle lo que pensaba. Gracias, alcohol:

―¿Sabes? Esta noche has conseguido revivir lo que sentía por ti.

―¿Ah, sí?

―No creo que haga falta otra declaración, entonces.

Y la besé. Y con ese beso, terminó de resurgir enteramente todo lo que sentí por ella alguna vez, y hasta creo que muchos más sentimientos. Fue una noche espléndida. Acordamos de no ir demasiado deprisa y vernos otro día. Asentí. No quería estropear las cosas, ahora que podía tener una oportunidad.

(Continuará…)

Anuncios

2 comentarios en “Armonía (Parte 1)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s